Cátedra de Paz con enfoque territorial
.25May

Cátedra de Paz con enfoque territorial

En septiembre de 2014 se estableció la Cátedra de Paz con carácter obligatorio para todas las instituciones educativas del país. Un año después mediante el Decreto 1038 de 2015 se reglamentó la iniciativa definiendo como objetivos la contribución al aprendizaje, la reflexión y al diálogo sobre temas como cultura de paz, educación para la paz y desarrollo sostenible.
Lorena Ruíz Hurtado*

La propuesta, que busca incluir en los currículos de los planteles educativos una asignatura que desarrolle alguno de los contenidos establecidos en el Decreto 1038, adquirió un nuevo significado y alcance con la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y las FARC -EP.

Más allá de los contenidos curriculares definidos en el decreto que da lugar a su creación, para Forjando Paz la Cátedra de Paz constituye una oportunidad frente a los desafíos que implica la construcción de una paz sostenible, no sólo por la posibilidad de trabajar en el aula temas relacionados con el Acuerdo de Paz y su implementación, sino también por la apertura de espacios de reflexión con la niñez y la juventud sobre los retos que un escenario de posconflicto trae a una sociedad que ha normalizado la guerra como única realidad posible. Así las cosas, la Cátedra de Paz más que como asignatura debería ser leída como herramienta u oportunidad para reconstruir relaciones y transformar imaginarios, rupturas y estigmatizaciones que se han naturalizado en la cotidianidad como consecuencia de más de 50 años de conflicto armado.

En otras palabras, creemos que es necesario superar la mirada formal de la Cátedra de Paz como “otra materia” del currículo para desatar su potencial como espacio creativo que logre conectar la escuela con su contexto, con las dinámicas territoriales de las cuales y con los desafíos cotidianos de la construcción de paz desde lo local. Pero ¿cómo lograr que la Cátedra de Paz responda y se articule a las dinámicas del territorio?

Responder este interrogante pasa por reconocer en primer lugar que la escuela es parte del territorio y de las dinámicas sociales que en el tienen lugar, no se trata de un espacio aislado o neutral frente a lo que acontece en su entorno, y es parte fundamental de la construcción de paz en los distintos niveles. En segundo lugar, que la paz no es un objeto de estudio en sí mismo, sino que se trata de un proceso social vivo y en permanente construcción que tiene lugar en el territorio y que exige nuestra participación y compromiso.

Por tanto, más allá de analizar o implementar el currículo que propone el Decreto 1038 de 2015, construir una propuesta pertinente y flexible de Cátedra de Paz que pueda articularse a las dinámicas territoriales exige partir de los acumulados y experiencias de construcción de paz, convivencia o reconciliación que se han impulsado desde las propias comunidades, aún en medio de la guerra o los conflictos. La sistematización de estas experiencias no sólo les dará visibilidad sino que además permitirá identificar buenas prácticas y aprendizajes que permitan retroalimentar y fortalecer los procesos de construcción de paz que tienen lugar en los territorios.

La Cátedra de Paz nos debe cuestionar también sobre la forma en que enseñamos. Son múltiples las experiencias de pedagogía para la paz que han demostrado que el arte, la lúdica y la construcción de memoria son rutas para articular el aprender con el hacer, que permiten ir más allá de la concepción de la paz como un contenido en sí mismo. La pregunta gira entonces en torno a la preparación de los docentes para asumir este reto.

No puede perderse de vista que en los territorios en los que la guerra tuvo lugar – campos y ciudades del país – los docentes como parte de la comunidad también han construido imaginarios y representaciones asociadas a su desarrollo. Por esta razón es importante desarrollar un proceso de formación con los docentes frente a la implementación de la Cátedra de Paz que vaya más allá de la mera instrucción en los temas propuestos, para desarrollar de capacidades conceptuales, pedagógicas, didácticas y emocionales que les permita responder a la complejidad que implica la construcción de paz de los territorios, especialmente en los más afectados por la dinámica de la confrontación armada.

La Cátedra de Paz puede consolidarse como una propuesta vivencial y una herramienta para la reflexión colectiva permanente sobre la transformación socio-cultural que necesitan los territorios. Este potencial podrá concretarse en la medida en que superemos la mirada de la cátedra como una asignatura más, para entenderla como un espacio de diálogo activo que nos permita hacernos cargo del pasado y comprometernos con las acciones de construcción de paz en el presente. La Cátedra de Paz debe partir de lo local, de lo propio, del territorio, como forma de acompañar a la comunidad a reconstruir el tejido social, a resignificar su vivencia colectiva y a generar capacidades más allá del aula que nos permitan vivir juntos.

*Equipo Forjando Paz

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